La High Line de NY. Inteligente ejemplo de intervención urbana, participación ciudadana y colaboración público – privada
Mes de mayo. El domingo no podía ser mejor. Soleado,
temperatura templada, sin viento. Nueva York invitaba a caminarla. Hacía 26
años que no recorría sus calles. Varios amigos me habían recomendado que visitara
la High Line cuya construcción se completó en el año 2014, por lo tanto, no la
conocía. Alli fui.
Al iniciar mi caminata me impacto la belleza de este parque
lineal construido elevado sobre lo que fue la estructura en el cual circulaba un
tren de carga. ¡Qué buena idea! En apenas 2,33 km se desarrolla una experiencia
peatonal con un delicado diseño que tiene además un enorme interés urbano. Cosa
nada fácil de encontrar en las grandes ciudades en las cuales, a veces las
intervenciones se realizan con una enorme confusión y falta de sentido común.
Me llamó la atención que había varios voluntarios “Amigos de
la High Line” con remeras azules. Algunos cuidando las plantas y otros
brindando información a los caminantes. Como si fuera una ONG. Había incluso avisos
invitando a hacer donaciones para el mantenimiento de los jardines. En un
momento apareció un cartel homenajeando a dos ciudadanos, Joshua David y Robert
Hammond, que habían sido los quienes en 1999 fundaron la organización de amigos
que detuvo la demolición de la estructura y vía férrea abandonada y a través de un
proceso participativo lograron transformarla en la senda peatonal que estaba
recorriendo en ese hermoso domingo. “Aca debe haber una buena historia para
contar en Café y misceláneas” pensé.
Esta icónica estructura tuvo un origen industrial. En la
década de 1930 los trenes circulaban a nivel de la calle por la décima avenida.
Los accidentes provocados llevaron a que fuera bautizada como la “avenida de la
muerte”. En búsqueda de una solución en el año 1933 se construyó un viaducto
elevado que permitía a los trenes de carga ingresar directamente al segundo
piso de los depósitos de almacenes y fabricas sin obstruir el tránsito. Con el
proceso de desindustrialización de la península de Manhattan y del auge del
transporte automotor, el uso del tren disminuyó y en 1980 fue el último
recorrido. La estructura quedó abandonada y poco a poco se fue convirtiendo en
un jardín silvestre. El 1999 el entonces alcalde Rudolph Giuliani manifestó su
deseo de demolerla. Fue entonces cuando David y Hammond iniciaron su lucha
ciudadana y crearon la Asociación Amigos de la High Line con el desafío de
proponer ideas audaces e innovadoras que posibilitaran su recuperación y
transformación. Obtuvieron el apoyo vecinal. En el año 2002 consiguieron el
apoyo del nuevo alcalde Michael Bloomberg. En el año 2003 lanzaron un concurso
para rediseñar el espacio para uso público. Obtuvieron una enorme respuesta.
Recibieron propuestas de 720 arquitectos, diseñadores, paisajistas y artistas
de 36 países diferentes. La selección fue ardua y duró 18 meses. En octubre del
2004 quedaron solo 4 finalistas. Conformado un Comité Ejecutivo compuesto por
representantes de la ciudad de Nueva York y Amigos de la High Line se realizó
la adjudicación final.
A la estructura re diseñada se le introdujeron más de 500
especies de plantas imitando el ecosistema que creció de manera salvaje durante
el período de abandono. En el año 2009 se abrió el primer tramo al publico y el
proyecto quedó íntegramente terminado en el año 2014.
La High Line revitalizó los barrios de Meatpacking Distric,
Chelsea y Hudon Yards. ¿Fue un proyecto “ganar- ganar? En términos generales sí, pero
el incremento posterior de los valores inmobiliarios trajo aparejado una
reubicación de varios vecinos pertenecientes a comunidades menos favorecidas. Los
años me llevaron a comprender que nada es perfecto, pero si tuviera que definir
este proyecto en los futbolísticos términos argentinos diría que fue “un golazo”.
También un ejemplo de lo que la iniciativa ciudadana combinada con autoridades
dispuestas a escuchar puede desembocar en una virtuosa alianza publico privada por demás
interesante.
El paseo es gratuito y es visitada anualmente por más de 5 millones de personas
superando a la Estatua de la Libertad. La Asociación Amigos de la High Line
organiza numerosas actividades sociales, deportivas y culturales. Es un espacio
que te lleva a poner “pausa” al vértigo que caracteriza la ciudad de NY,
sentarte en unos de sus bancos rodeado de vegetación y contemplar el movimiento
de la ciudad y sus imponentes edificios. Si te llevas un vaso térmico podes tomar
un café y hablar serenamente de misceláneas.
Mi caminata finalizó en el punto sur de la High Line alli
donde se eleva el bellísimo edificio del Museo Whitney de arte estadounidense donde
hice la proxima escala. Los segundos domingos de cada mes el museo ofrece
entrada gratuita. Me fije y ese 10 de mayo era segundo domingo. ¡Bingo!

Gracias Guille por este testimonio!!! Resulta estimulante conocer realidades de "regeneracion de espacios públicos" a partir de la convergencia de voluntades de ciudadanos y autoridades.Felicitaciones!!
ResponderEliminarExcelente artículo, G! Así es… como vivo en la zona, he podido caminar cada tramo a medida que se iban construyendo, y siempre es una nueva experiencia. Me alegro de lo que pudiste observar y disfrutar. -Mer Brand
ResponderEliminar