Quien cuenta con un futuro dispone de una rutina
En libro “Sentido y riesgo de la vida cotidiana”
Santiago Kovadlof aborda lo que comúnmente denominamos la vida diaria y la pone
en valor. La palabra “rutina” no tiene por lo general buena prensa. Resulta
mucho más atrayente hablar de lo excepcional. De los grandes viajes, de la
novedad, de la aventura, de lo infrecuente, de una revolución. De ese tiempo excepcional
que frente a lo cotidiano tiene corta duración en la vida de las personas, pero
lleva a nuevas vivencias y dejan recuerdos. Momentos de cambio y renovación que
abren nuevos y positivos horizontes. Sin embargo, Kovadlof hace un elogio de cierta
rutina, a la que yo denomino nutritiva. Observando la evolución de la especie
humana identifica al sedentarismo como la raíz de la cotidianidad y afirma que
“solo una vida regular logra afirmar la vivencia de un porvenir”. En
esta perspectiva “quien cuenta con un futuro dispone de una rutina”.
Me agrada su visión. El desarrollo de una rutina nutritiva,
que conforme una vida cotidiana sustentada en ciertos hábitos es la base del
progreso y del futuro. Una represa se construye durante años en un trabajo ejecutado
día tras día. El dominio de un deporte se alcanza a través de la práctica
sostenida del mismo. El estudio o la investigación sobre un tema requiere de tiempo.
Disfruto de viajes realizados cada tanto, pero al igual que
a Kovadlof, lo cotidiano se acopla de maravillas con mi temperamento. Me agrada
en otras cosas la luz del amanecer que penetra diariamente la persiana del
dormitorio, ir a primera hora a cafetear a determinados bares de San Isidro o
Caballito y leer el diario impreso, los encuentros con los amigos de siempre, el
dialogo con familiares y seres queridos, volver todos los veranos a Bariloche,
ir a ciertas ciudades de la costa atlántica fuera de temporada, ir frecuentemente
a Bahía Blanca a ver familia, hijos y nietos, el tenis jugado en mi club con el
aroma del ligustro y de un tubo de pelotas recién abierto, una prolongada ducha
en el vestuario, pasear en bicicleta con Maria Jose y detenernos a comer algo
en un bar de Nuñez, frecuentar el Teatro San Martin, el MALBA, ver una película
en el cine, entre otras cosas que hago de manera habitual. Me gusta estar en la
mesa blanca de mi living con la computadora y la biblioteca detrás. Una rutina
nutritiva me proporciona cierta estabilidad emocional que me permite hacer pie
en el hábito constructivo y en la vida interior.
Según sea la personalidad de cada uno agradará más de la
vida cotidiana o de lo no cotidiano pero las reflexiones de Kovadlof son buenas
para ambos, porque toda existencia tiene una parte de cotidiano, eso que llamamos
“la vida de todos los días”.
El desafío es dotar de “sentido” a nuestro diario quehacer. Y
aquí se abre un inmenso espectro de reflexión. Otro excelente libro que aborda
esto es “El hombre en busca de sentido” de Victor Frenkel. Pero esto
será objeto de otra nota.
La invitación de esta nota es a valorar nuestra vida
cotidiana, darle un sentido orientador y visualizarla como la base del futuro y
del progreso. Tanto para las personas como para los países. Las revoluciones en
algunas ocasiones pueden estar bien para romper con un orden establecido, pero
el “desarrollo” se construye día tras día a través del trabajo individual y
colectivo cotidiano.

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