Los terceros lugares como espacios de encuentro
“donde no hay
desconocidos sino amigos que todavía no conocimos”
Tino Lutteral - Amigo y
lector del blog
En la imagen se puede visualizar una foto actual del bar situado
en Arles, Francia, que Van Gogh retrato en “Terraza de café por la noche”
en el año 1888. El cuadro se encuentra expuesto en el Museo Kröller-Müller en
Otterlo, Países Bajos.

Los terceros lugares son espacios de encuentro voluntario y
socialización que se dan fuera del hogar (primer lugar) o del trabajo (segundo lugar).
Deben posibilitar que personas de distintas procedencias se encuentren e
interactúen en un ambiente informal y voluntario en el cual el hecho que se dé
una conversación es clave. El ejemplo por excelencia es una cafetería, pero
tambien los son casas de té, bibliotecas, plazas, parques, clubes sociales,
deportivos y de barrio, saunas, pubs, entre otros. Tambien pueden serlo los
cines, teatros, museos, peluquerías que cuenten con un espacio de encuentro que
facilite la conversación. Son lugares donde se fomentan las relaciones
interpersonales, se construye comunidad y ofrecen una alternativa a la soledad.
El movimiento que promueve estos terceros espacios surge por
impulso del sociólogo estadounidense Ray Oldenburg ya fallecido, que en 1989
publicó su libro The
Great Good Place. Próximamente Karen Christensen quien fuera su
colaboradora publicará la versión actualizada del libro de Oldenburg con un 90%
de nuevos contenidos cuya tapa tiene precisamente la imagen del conocido cuadro
de Van Gogh. En la página web https://greatgoodplace.org/ se puede ampliar la
información sobre este movimiento. La iniciativa goza del apoyo de UNESCO.

La concepción de los terceros espacios puede variar según los
países, las épocas, las costumbres
sociales y las culturas. El diseño de
las ciudades y la forma de habitarlas también incide porque desde el urbanismo
se puede facilitar o dificultar la existencia de estos terceros espacios.
Las características generales que deben tener para ser
encuadrados como tercer espacio es que no tengan barreras de acceso o estas
sean de bajo costo, que se produzca la interacción entre conocidos, pero
tambien que ofrezcan la posibilidad de entablar nuevas relaciones, que exista
cierta diversidad social, que sean neutrales y democráticos.

Existen algunas dudas o controversias sobre si los country,
barrios cerrados, clubes sociales y deportivos exclusivos que requieren admisión
previa reúnen la característica de terceros lugares. La duda podría ser
extensiva a espacios como parroquias o iglesias que tienen una connotación
religiosa o partidos políticos que exigen adhesión a una ideología.
Los shoppings, mercados, sendas peatonales, aeropuertos,
estaciones de ómnibus, de tren y similares son por lo general catalogados como
“no lugares” es decir espacios en los cuales la gente transita, pero no
interactúa y fundamentalmente no conversa.
Las nuevas formas de socialización y de consumo de la vida
posmoderna pueden llegar a poner en jaque a los terceros espacios: las redes
sociales, las aplicaciones de citas, las plataformas de películas, el home
office, el delivery y el take away son algunos ejemplos que impiden la
interacción cara a cara. Por otra parte, estas nuevas formas de socialización
pueden tambien modificar la concepción de un lugar como podría ser el caso de
los shoppings donde a veces operan como lugar de encuentro por ejemplo entre
adolescentes. Otra cuestión nada sencilla es la accesibilidad económica en
tiempos de crisis y la propia sustentabilidad de estos lugares.
Mi agrado por los terceros espacios, la vida de club y las
cafeterías
Adhiero a la idea y promuevo la existencia de estos lugares
que se encuentran entre el espacio íntimo de la familia / afectos y el mundo
mercantil / productivo del trabajo en los cuales la interacción es desinteresada,
voluntaria y se realiza con el objetivo de compartir una actividad de mutuo interés
o mantener una conversación. Son el mejor antídoto contra la soledad no deseada
y el aislamiento. Fortalecen el tejido social, el encuentro con la diversidad y
contribuyen a la democracia. Disfruto enormemente de mi vida de club donde práctico
deportes e interactúo socialmente. Quienes me conocen saben de mi afición por las
cafeterías. Me agradan los cafés en los cuales podes leer, escribir y conversar
con su dueños y parroquianos, que ofrecen un diario impreso que se socializa
entre quienes asisten y donde el cafecito lo sirven en la tradicional taza de
loza blanca. El nombre del blog “Café y Misceláneas” no es casualidad.
No hay nada más porteño que un café o un bar
Profundamente arraigados en su cultura la ciudad de Buenos
Aires cuenta con más de once mil cafés y bares habilitados de manera oficial de
los cuales 82 son lo que se denomina Bares Notables.
El “Club Atlético Bar de Viejes” (Cabdv) es una
propuesta que lleva adelante una ONG para revitalizar la relación entre los
bares y las personas y recuperar el encuentro presencial en una red de cafeterias
de Buenos Aires. Organiza talleres, actividades culturales y acciones
colectivas. Tiene su propio manifiesto en el cual se define como anti
algorítmico y anti nostálgico, presencial, popular, comunitario,
intergeneracional e inclusivo. A lo que apunta es a ser un tercer espacio
afectivo. Una convivencia entre lo viejo y lo nuevo que surge como contra reacción
a la virtualidad. Fue declarado de interés por la Legislatura de la Ciudad de
Buenos Aires.
Su cuenta de Instagram es https://www.instagram.com/bardeviejes/?hl=es

Existen cientos de historias vinculadas con los entrañables cafés
de Buenos Aires y muchas canciones hacen referencia a ellos.
Por nombrar solo dos canciones, en el género del tango esta
“Cafetín de Buenos Aires” interpretada por Edmundo Rivero y en el género
del rock nacional “El bar de la calle Rodney” interpretada por La Portuaria
(el bar sigue existiendo en la calle Rodney 400 y Jorge Newberý, frente al
cementerio de la Chacarita, y por las noches tocan conjuntos de rock nacional).
Hay una “historia” que me gusto. Le agregue algo mío
y te la comparto.
En el año 1967 Tanguito (José Alberto Iglesias), viajo con
una banda para dar un recital en el sur. Intento tomar la famosa Trochita, tren
de trocha angosta que une Ingeniero Jacobacci (Rio Negro), con Esquel (Chubut)
pero la formación tuvo un desperfecto y quedo varado. En ese paraje desolado Tanguito
se sintió “solo y triste en este mundo abandonado” y esbozó algunos
acordes. Su deseo era ir “al lugar que yo más quiera” pero como “caminando
yo no puedo” juntó “mucha madera” y se le ocurrió construir una
balsa. Con su balsa imaginaria, lejos de naufragar, cruzo la estepa patagónica y
llego a Buenos Aires donde se fue hasta el barrio de Once. Allí estaba el “Bar
la Perla” que oficiaba como “tercer espacio” de reunión de los rockeros de la
época. Se encontró con Litto Nebbia. Como el bar estaba repleto de estudiantes
sumidos en el silencio de sus lecturas, para no interrumpirlos, se fueron al
baño y compusieron la canción que sería el primer éxito masivo del rock
argentino y que llego a vender en su versión simple más de 200.000 copias.
El Bar la Perla en el año 1994 fue declarado Sitio
de Interés Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En al año 2017
cerro sus puertas y en su lugar hoy hay una pizzería que modifico la identidad
original pero que aún conserva en la puerta de uno de los baños un cartel con
la letra de la canción “La Balsa”.

0 comments: