Todavía me emocionan ciertas voces
El sábado 29 de agosto Juan Carlos Baglietto y Lito Vitale presentaron su recital Bodas de Coral en el Teatro del Colegio Don Bosco en San Isidro. Además de la excepcional voz que Baglietto aún conserva y la maestría de Vitale en el piano, creo que ellos, como algunos otros cantantes de su época, logran acceder a la “banda sonora sentimental” de una generación que en los años 80 teníamos veinte y pico de años que hemos transitado desde el tocadiscos hasta Spotify.
De entrada, me llamó la atención que el recital se iniciara
con “Ella ya me olvido” de Leonardo Fabio. Después Baglietto lo explico:
“algunas canciones en su momento, las mirábamos de costado. Nos sentíamos
rockeros, entonces Leonardo Fabio, Nino Bravo o Sandro no iban con nuestro ADN”.
Vitale agregó: “ahora la edad nos hace menos extremistas”. Le siguieron
otras canciones románticas dado que “Bodas de Coral” es eso: 35 años de una
amistad entre ambos y de amor por la música.
Luego de estas primeras canciones melódicas se produjo un
giro e interpretaron “La ciudad de la Furia” de Gustavo Ceratt / Soda
Stereo. El clima del recital fue adquiriendo intensidad y se abrió la compuerta
del rock nacional.
En un momento Baglietto se puso algo serio y expresó que iba
a cantar una canción que no pasa de moda pero que además en ciertos momentos
que atraviesa una sociedad vuelve a tener sentido. Interpretaron “Mienten”
de Roque Narvaja. Creo que hay ocasiones en las cuales hay que prestar atención
a los referentes de la cultura para comprender lo que esta “sintiendo” una
sociedad. Tomé nota.
Luego Vitale interpreto con su voz grave “No hace falta
que lo digas” de Alejandro Lerner. Lo hizo muy bien. Posteriormente
compartió con el público que horas antes tuvo que ser asistido en una
ambulancia debido a una afección pulmonar que finalmente pudo superar.
El repertorio siguió con un par de tangos melódicos y algo
más de rock incluyendo algunas canciones de la emblemática “trova rosarina”. Hacia
el cierre interpretaron “El tempano” y el público decidió que no quería
irse. Baglietto y Vitale tampoco. Hubo cinco bises. Como expresaba al principio
de la nota, el público sintió que su música toca algún recuerdo o etapa de la
vida.
Cuando el recital finalizó, volví caminando a mi casa por
las empedradas calles de San Isidro. Mi
sentimiento no era nostalgia sino cierta identificación con la dupla de
artistas. Eran un espejo generacional. Tengo más o menos la misma edad que
ellos y por encima de sus virtudes musicales indiscutidas sentí cierta
admiración por lo que eran como personas. Baglietto siempre me transmitió la
imagen de buen tipo, entusiasta, con proyectos, con pasión por lo que hace. El
hecho de que Vitale haya sido asistido en una ambulancia en las horas previas y
pese a ello no faltó a su cita con el público, me pareció encomiable. Ambos les
han abierto generosamente el camino a otros músicos. Baglietto con su trova
rosarina llego a Buenos Aires en mayo de 1982 cuando se presentaron en el Estadio
Obras en el primer concierto masivo. Vitale con su colectivo artístico musical M.I.A.
(Músicos Independientes Asociados) en los difíciles años de los 70 funcionó
como un refugio de libertad. creativa y
resistencia cultural. En Bodas de Coral los acompañan jóvenes músicos, que
podrían ser sus hijos o los míos, de hecho, uno de ellos es hijo de Vitale, que
inyectan entusiasmo, frescura, alegría y talento.
Fue una noche en la cual Juan Carlos Baglietto, Lito Vitale
y su joven orquesta disfrutaron el recital desde el escenario tanto como lo
disfrutamos nosotros desde la platea.

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