El lugar propio
Luego de la nota
referida a los cuartos lugares quedo planteado el siguiente interrogante: ¿Cómo
juega la IA donde la interacción además de virtual es con computadoras? ¿Dónde
queda uno mismo?
Te adelanto que
en mi investigación no encontré quien nos hablara de quintos lugares
Recodemos: el
primer lugar es la familia, el segundo es el trabajo, los terceros lugares son aquellos
espacios urbanos y sociales donde se da la posibilidad de interactuar con otros
como bares, clubes, plazas, bibliotecas, entre otros, en los cuales la conversación
es un elemento constitutivo. La evolución de la tecnología posibilitó la
creación de espacios híbridos denominados cuartos lugares que abren un
amplio espectro de interacción virtual como los foros en línea, blogs, redes
sociales, grupos de chat, plataformas donde la gente encuentra pertenencia,
home office, espacios de coworking, etc.
¿Ahora bien, como
juega la IA?
Opera como la
infraestructura que permite migrar de un tercer lugar a un cuarto lugar. Pero también
puede ser una compañía, un borrador de ideas, un espacio conversacional en el
cual no se interactúa con otros humanos sino con un entorno computacional
interactivo.
Por ejemplo,
acaba de salir un producto al mercado denominado ATO (lo fabrica una empresa de
la cual forma parte Mario Pergolini) que es un acompañante para adultos mayores.
Sin pantallas ni menús complejos que interactúa a través de la voz utilizando
un botón físico y una perilla y que puede conversar sobre temas de interés, programar
alertas diarias para la toma de medicamentos o citas médicas, reproducir
música, leer noticias, y proponer juegos y ejercicios para ejercitar la memoria.
Los familiares pueden conectarse vía WA para recibir un reporte de la actividad
de manera de estar tranquilos que está todo bien. El adulto mayor también puede
enviar un mensaje a sus familiares mediante voz.
En resumen, la IA
no solo tiene un fin productivo, sino que también tiene impacto en las
relaciones humanas, a veces facilitándolas, pero otras veces poniéndolas en
riesgo.
Vayamos entonces
a la segunda parte de la pregunta que nos hacíamos al principio: ¿Dónde
queda uno mismo? A al que agrego: ¿Como seguir siendo humanos en un
mundo que se perfila a ser diseñado para las computadoras?
La interacción
virtual propiciada en los cuartos espacios a la cual se suma el celular nos ha
llevado a estar permanentemente conectados borrando así los contornos que segmentan
a la familia, el trabajo, los terceros lugares dificultando encontrar un lugar
propio.
Me pareció muy
descriptivo un artículo que leí recientemente en el diario Perfil en el cual el
escritor Alberto Ades rememora la época en que su padre trabajaba en una empresa
familiar llegando en la última etapa a desempeñar el cargo de gerente general.
No existía ni el celular ni los cuartos lugares, por lo tanto, el trabajo se
desarrollaba en el ámbito físico de la empresa de manera presencial. Había un
horario determinado fuera del cual su padre retornaba al primer lugar de la
familia o a algún tercer lugar donde se reunía con amigos. En su casa había un
teléfono fijo que en muy raras ocasiones sonaba por una cuestión relativa a la empresa.
El tiempo productivo estaba delimitado a un espacio físico y circunscripto a un
determinado horario.
Hoy el paradigma
laboral se modificó sustancialmente. Las interferencias son permanentes y el espacio
personal es invadido de manera constante. Esta situación está llevando cada vez
más a que en determinado momento algunos sientan una imperiosa necesidad de
desconectarse para acceder a un espacio personal en el cual no haya que
producir, ni socializar, ni entretenerte sino “restaurarse” en un entorno
limpio de señal y de tecnología que permita vincularse sensorialmente con lo
corporal y lo espiritual con total ausencia de estímulos digitales y
audiovisuales. Según los gustos podrá ser una clase de yoga, una caminata, un
paseo en bicicleta, la práctica de un deporte, cuidar el jardín, la lectura o
escritura de un libro, pintar un cuadro, una actividad manual, etc. Este lugar
propio desconectado del mundo virtual surge como respuesta para recuperar el
equilibrio personal y el bienestar donde uno no es padre, madre, hijo, jefe,
empleado, sino solo uno.
En algunas ocasiones se pueden llegar a tomar decisiones de aislamiento extremo en búsqueda de silencio, soledad y contacto con la naturaleza que posibiliten el encuentro con uno mismo. Hace un tiempo vi en el cine del MALBA una película documental muy particular filmada por Adriana Lestido, una conocida fotógrafa argentina, que decidió aislarse y vivir en soledad desconectada del mundo y filmar la experiencia. Viajo a las islas Svalbard, en el círculo polar ártico que es una región compartida por Noruega e Islandia. Partió en enero 2020 con la idea de estar los 3 meses del invierno ártico pero su estadía se prolongó hasta mayo 2020 por la pandemia. La promoción de la película expresa: “Errante es una meditación visual sobre el retorno al origen mediante un viaje solitario por el Círculo Polar Ártico. Transformación del paisaje a través de las estaciones y fusión interna observando la conquista del hogar propio”. Si bien no es una película sencilla de ver porque hay prolongados planos fijos en los cuales solo se escucha el viento a mi me gustó y sobre todo me impacto mucho la drástica decisión de Lestido de desconectarse del mundo en una región gélida e inhóspita para conquistar lo que ella denomino su “hogar propio”. ¿Que habrá sentido en su interior para emprender semejante experiencia? A continuación, te dejo la foto de la casa en la cual vivió parte del tiempo, imagen que al verla hace sentir frío


Claramente el cuarto lugar ha llegado para quedarse y cada vez nos absorbe más pero también es una oportunidad para dar entidad a un espacio que es fundamental y que no se menciona entre los cuatro. El espacio de conexión interior. El espacio de diálogo o no dialogo con uno mismo, espacio para equilibrarnos y lograr la armonía que muchas veces se pierde en la interacción diaria en los otros ámbitos.
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