Expectativas de los jóvenes de los barrios populares del AMBA

abril 09, 2026 Guillermo Arboleya 3 Comments

 


Pasaron 65 años desde que Antonio Berni pintara “Juanito Laguna aprende a leer” y según el informe publicado por el Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), institución de los jesuitas en Argentina, todo hace pensar que estamos peor.

Si tuviera que resumir en tres renglones la conclusión del informe “La narrativa rota del ascenso social”, diría que la movilidad social ascendente tan característica de la Argentina de los años 60, cuando Berni imagino los cuadros de Juanito Laguna, obtenida mediante el esfuerzo en el estudio y en el trabajo sigue vigente sólo para un grupo de jóvenes,

La conclusión más técnica que expresan los responsables de la investigación es que “la evidencia reunida nos muestra un fuerte debilitamiento de la narrativa tradicional de la movilidad social entre los jóvenes de barrios populares: el 40% de ellos sigue relatando su vida a partir de ella, sin embargo, expresan serias dudas sobre sus posibilidades de realizarla; en el medio, el 20% reduce sus aspiraciones al mínimo; y otro 40% las abandona (”yo ya no tengo futuro”) y vive instalado en el presente”.

Durante los años en los cuales trabajé en la distribuidora eléctrica Edenor, estuve a cargo de un programa de becas que acompañaba a jóvenes de escuelas técnicas y de carreras universitarias en ingeniería, ciencias y tecnología. Trabajar con instituciones educativas situadas en el área de concesión CABA y 20 partidos del conurbano norte, e interactuando con directivos, profesores y alumnos me ayudo muchísimo a ampliar mi horizonte social y humano, y a desarrollar un profundo cariño por los jóvenes. Este grupo pertenece mayoritariamente a la clase media, media baja, con una familia o un adulto que les da respaldo y contención, muchos estudian, trabajan y creen que esa es la forma de construir un proyecto de vida y crecer laboral, social y afectivamente. No las tienen todas a su favor, pero están incluidos socialmente. Respecto a las instituciones educativas, como menciona el informe, el mundo de las escuelas técnicas funciona razonablemente bien.

La investigación fue realizada en territorio y segmento social mucho más bajo, duro, marginal y complejo. Se adoptó una metodología mixta consistente en una encuesta de 600 casos y 47 entrevistas en profundidad a jóvenes de 16 a 24 años de 5 barrios populares ubicados en CABA, zona sur, oeste y norte del conurbano bonaerense.

 Transcribo varios de los testimonios surgidos en las entrevistas:

“Yo ya no tengo futuro”

Sobre el estudio y el trabajo… “Esa es una vida para otros”.

“Para pensar en un futuro, la condición es tener un lugar y un trabajo y eso todavía está muy lejos”

“Si yo hubiera terminado el secundario… y hoy sería otra persona”

“Si estudié, no soy un vago, ¿por qué estoy limpiando baños en un shopping?”

“Me veo sentada en la vereda, con un perro al lado, mirando la vida pasar”

“No tenes otro camino aca… tenes dos finales posibles… preso o muerto”

“Yo ya tuve mi tiempo y no lo supe aprovechar. Futuro mío ya no tengo. Mi futuro son mis hijos. El mío ya paso.

 

Cuando terminé de leer la investigación me invadió una profunda tristeza y genuina compasión.

Continué con lo que estaba. Seguí trabajando en el programa de becas a través del cual acompañábamos a los jóvenes a terminar de dar forma a su proyecto de vida.

Recién hoy pude escribir estas líneas y compartir lo que sentí al leer por primera vez el informe.

Juanito Laguna, el personaje creado por Berni es hijo de un obrero metalúrgico, es decir que su padre tiene trabajo, vive en un barrio popular y según palabras del propio autor Juanito ”es un chico pobre, pero no un pobre chico; no es un vencido por las circunstancias, sino un ser lleno de vida y de esperanzas y que supera su miseria circunstancial porque intuye vivir en un mundo cargado de porvenir”. En sus cuadros, Juanito tiene una familia, tiene amigas, remonta un barrilete, atrapa una mariposa, toca la flauta, observa una aeronave, va a la ciudad, se baña en una laguna, va de vacaciones, celebra la Navidad con su familia y … aprende a leer.

Creo que los artistas nos ayudan a ver la realidad desde otra perspectiva mucho más humana.

Les dejo a continuación las conclusiones del trabajo confeccionadas por los autores y el link al informe completo.

 

Resumen del trabajo y principales conclusiones

La investigación estuvo a cargo de Daniel Fernández y Rodrigo Zarazaga. Transcribo de manera textual algunos párrafos a modo de resumen

La narrativa de la movilidad social, por la cual los padres creen que sus hijos alcanzarán, gracias al estudio y el trabajo, niveles socioeconómicos superiores a los propios, ha organizado la vida social y política de la Argentina. Las aspiraciones, aparentemente sin techo, se correspondían con una sociedad que se mostraba capaz de satisfacerlas. En el estudio que aquí presentamos, a este relato lo llamamos “narrativa tradicional”. Es necesario preguntarse si, al menos para un amplio sector, las cadenas de transmisión de esa narrativa se han roto en la sociedad argentina. Con este propósito, el presente estudio analiza las narrativas mediante las cuales los jóvenes de barrios populares del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) expresan sus aspiraciones futuras a partir de sus experiencias personales.

¿Qué es una narrativa?

Definimos “narrativa” como el relato que los jóvenes construyen para dar sentido a sus experiencias previas y proyectar lo que esperan o consideran posible para su futuro. Estas narrativas son más que una ficción, ya que influyen en sus decisiones concretas y moldean sus posibilidades. En definitiva, se trata de cómo planean integrarse a la sociedad.

¿Cómo se hizo este estudio?

Como el presente trabajo busca formular las diversas trayectorias de vida que expresan los jóvenes de barrios populares del AMBA, adoptamos una metodología mixta. Realizamos una encuesta de 600 casos y 47 entrevistas en profundidad a jóvenes entre 16 y 24 años en barrios populares del AMBA, con el objetivo de captar sus experiencias y las narrativas que elaboran sobre sus vidas. 

Lejos de ser un grupo marginal, el universo de estudio abarca un amplio grupo social; el 34% de los jóvenes del país viven en el AMBA y se estima que el 40% de los jóvenes del Conurbano Bonaerense vive en barrios populares o zonas vulnerables. 

La metodología cualitativa cobra un lugar central en este informe, ya que permite recopilar las experiencias pasadas y comprender cómo forman parte de las narrativas de estos jóvenes. Dadas las dificultades para encuestar y entrevistar en barrios populares, se seleccionaron puntos nodales de cinco barrios populares ubicados en CABA y las zonas sur, oeste y norte del Conurbano Bonaerense.

Hallazgos

La evidencia reunida nos muestra un fuerte debilitamiento de la narrativa tradicional de la movilidad social entre los jóvenes de barrios populares: el 40% de ellos sigue relatando su vida a partir de ella, sin embargo, expresan serias dudas sobre sus posibilidades de realizarla; en el medio, el 20% reduce sus aspiraciones al mínimo; y otro 40% las abandona (”yo ya no tengo futuro”) y vive instalado en el presente. La narrativa de la movilidad social ascendente mediante el esfuerzo en el estudio y en el trabajo sigue vigente, pero sólo para un grupo de jóvenes, e incluso a estos les resulta difícil sostenerla dadas las oportunidades y recursos efectivamente disponibles. 

La erosión o el abandono de la narrativa tradicional encuentra su raíz en dos variables explicativas. Por un lado, la falta de oportunidades. Los jóvenes advierten que, a su alrededor, son pocos quienes han logrado las aspiraciones que tenían. 

Por otro lado, la falta de recursos para sostener la viabilidad de dicha narrativa. Las prácticas familiares, escolares y de sociabilidad, que deberían proporcionar los recursos para forjar sus aspiraciones, terminan limitándolas. Muchas familias están estalladas, muchas escuelas desbordadas, y muchos barrios populares están “ocupados por los transas” y cada vez más desconectados de la vida de la ciudad. Paradójicamente, la experiencia desmiente la narrativa tradicional precisamente en el AMBA, el epicentro histórico de la movilidad social.

Más allá de la erosión o el abandono de la narrativa tradicional, los jóvenes de los barrios populares encuentran otras narrativas para darle sentido a sus experiencias. 

 

Las nuevas narrativas

 

Narrativa tradicional

Encontramos que 19 de los 47 jóvenes entrevistados (40%) mantienen una narrativa en la que esperan, fundamentalmente, “ser alguien” a través del estudio y el trabajo. Casi todos estos ellos reportan haberse sentido cuidados por adultos: ocho se sintieron cuidados por ambos padres, nueve sólo por sus madres —a quienes muchos describen como “heroínas”— y sólo dos crecieron sin sentirse cuidados. Este grupo se distingue claramente por haber relatado una mayor experiencia de cuidado.

También son quienes han tenido mejores experiencias escolares. Seis de ellos terminaron el secundario y actualmente cursan estudios terciarios o universitarios —algo que no ocurre en ninguno de los otros dos grupos de narrativas. Ocho finalizaron el secundario o están en el proceso de terminarlo sin grandes retrasos, tres adeudan materias, pero planean completar sus estudios, y sólo dos abandonaron la escuela. El nivel educativo alcanzado por este grupo es significativamente más alto que los otros dos.

Los jóvenes que sostienen esta narrativa tradicional también son quienes tienen más vínculos, especialmente fuera del barrio. Diez de ellos han desarrollado lazos externos a través de sus estudios, trabajo o participación en clubes. Sin embargo, este grupo también incluye la mayor cantidad de jóvenes “encapsulados” en sus casas, debido a padres que buscan protegerlos de un entorno barrial que consideran peligroso. Cuatro de ellos han estado expuestos a ambientes sociales cercanos a “la esquina” y sus consecuencias, pero participan en centros comunitarios que les brindan vínculos y contención, ayudándolos a mantenerse alejados de los consumos problemáticos.

 

Narrativa minimalista

Esta narrativa agrupa las experiencias de jóvenes que, si bien aspiran a tener un trabajo, no expresan expectativas que vayan más allá de garantizar su subsistencia diaria. Su principal preocupación es generar un ingreso que les permita alimentarse a sí mismos y/o a sus familias. 

Mientras que en la narrativa tradicional la aspiración era comprar una casa, incluso en otro barrio, en este grupo los jóvenes manifiestan simplemente el deseo de terminar sus casillas de chapa en los terrenos de sus padres. Son narrativas en las que se proyecta un futuro, pero siempre con expectativas muy moderadas, es decir, minimalistas. Para los jóvenes que encarnan la narrativa minimalista, un camino de movilidad social ascendente a través del estudio les resulta tan improbable como ganar la lotería.

Narrativa del presente

Bajo esta categoría se agrupan las narrativas en las que los jóvenes no expresan proyectos a futuro, sino que, por el contrario, sus relatos se centran casi exclusivamente en el presente. Si decimos que las narrativas son maneras de proyectar futuro, podríamos afirmar que estas, en rigor, son no-narrativas porque no hay expectativas de futuro o, cuando existen, son extremadamente acotadas o fantasiosas. 

Son jóvenes que han abandonado la idea de construirse un futuro y, en cambio, se abocan a lidiar con su presente, en general vinculado al delito y al consumo de drogas. No obstante, a pesar de sus traumas y heridas, hay una meta a futuro a la que ninguno pareciera renunciar: todos los entrevistados que entran y salen del consumo e incluso el delito expresan su deseo de “rescatarse”, es decir, de abandonar esas conductas.

 

La crisis del ascenso social en la Argentina

Si hubo un país en el que todos creían que podían ascender a través del esfuerzo en el estudio y el trabajo, hoy ese país se recorta sólo a ciertas zonas geográficas y clases sociales. Este trabajo muestra que la mayoría de los jóvenes de los barrios populares del AMBA tiene escasas o nulas expectativas de integrarse y alcanzar reconocimiento social. Se sienten más al margen que con posibilidades de ocupar un lugar en la sociedad a través de su esfuerzo en el estudio y el trabajo. Esto se debe a que la sociedad ya no les brinda las oportunidades de integración de antaño y a que sus experiencias de vida no les permiten sostener una narrativa tradicional de ascenso social. Un Estado ausente no ofrece el mínimo piso necesario para sustentar expectativas de integración y reconocimiento social.

Si el distintivo de la sociedad argentina con respecto al resto de América Latina fue su gran movilidad social, no es del todo sorprendente que hoy se tienda a negar su crisis. Como sociedad, nos cuesta ver a esos sectores que dejamos al margen de la trama urbana porque nos muestran que, al fin de cuentas, no somos tan singulares como creíamos.

 

Para acceder al informe completo hace click acá


3 comentarios:

  1. Me gustó el ejemplo que tomaste de Juanito Laguna, y fijate que planteas algo interesante: Juanito no es un pobre chico, es un chico pobre. La diferencia la hace que un padre o una madre tenga o no trabajo. En esa comparación suena a gritos la palabra dignidad. A partir de que haya trabajo en una familia se ordena el resto de las cosas como puede ser la educación. Pero no es lo que vemos en muchos casos, las problemáticas intrafamiliares, arrastradas tal vez por más de una generación, dejan huellas pesadas en las expectativas aspiracionales de los jóvenes, y nos obliga a plantearnos en dónde estamos poniendo el foco tanto gobiernos como sectores de la vida civil. Pareciera que estamos llegando tarde a todas las paradas y siempre vemos al colectivo alejarse por más que corramos detrás. Incluso creo que no alcanza con trabajar solo con los jóvenes, está más que sabido que lo que pasa en la infancia es lo que determina el futuro de cada individuo, y ahí es donde deberíamos enfocar los recursos.

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  2. Mi hija da clases en escuelas de La Matanza y esas respuestas sobre el futuro están a la orden del día. Cada día trata de inculcar una visión diferente pero la realidad golpea muy duro. Cada uno que logra que se anote en la Universidad es como la medalla de oro olímpica.
    La serie de notas de La Nación: Hambre de futuro, son muy esperanzadoras sobre lo terrible de cada situación.

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  3. Hola Guillermo,
    Me encantó lo que escribiste de Jaunito Laguna, ese personaje entrañable que bien habría podido ser mi compañero de escuela o un amigo del barrio!
    Era una época en que los hijos del albañil o carpintero asistían a la misma escuela que el hijo del médico o pequeño empresario.
    Todos jugábamos juntos y compartíamos anhelos! Recuerdo que era la época que mandábamos ropa que nos quedaba chica a los primos pobres de España y nos alarmaban los niveles de pobreza que superaban el 5%!
    Algunos jovenes se hacían revolucionarios por eso niveles de pobreza y desigualdad!
    Cuanta agua vimos correr en estos años, no?
    Qué bueno tu trabajo en las escuelas con el programa de becas!
    Me evoca a una cita de O. Wilde
    “Todos estamos en la cuneta, pero algunos miramos las estrellas.”

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